EMOCIONES POSITIVAS PARA CRECER

08.06.2021




"Lo negativo te grita, lo positivo te susurra"

Barbara Fredrickson

A lo largo de la evolución de la Psicología Positiva, han sido numerosas las aportaciones de valor que muchos autores han llevado a cabo. Entre ellas, destaca el maravilloso trabajo de la doctora Barbara Fredrickson, psicóloga social, la cual ha profundizado en el estudio de los efectos de las emociones positivas frente a las negativas. Su enfoque ha influido en el ejercicio práctico de numerosos profesionales, en el propio desarrollo de la disciplina, y ha ayudado a arrojar mucha luz sobre la relevancia de las emociones positivas en el transcurso de nuestra vida. 

Tradicionalmente, el estudio de las emociones se ha circunscrito a aquellas que tenían una clara valencia negativa. Entre ellas, podríamos destacar especialmente algunas básicas como el miedo, la tristeza o el disgusto. Las emociones, en tanto que mecanismos adaptativos rápidos de respuesta ante las distintas amenazas, han ampliado claramente nuestras probabilidades de supervivencia. Por ejemplo, si no experimentáramos asco hacia algunas sustancias potencialmente peligrosas, y para ello no frunciéramos nuestra expresión, entornáramos los ojos o cerráramos automáticamente las cavidades de nuestra cara, muy seguramente nos habríamos extinguido hace ya varios miles de años. 

En este sentido y si observamos detenidamente, mientras las emociones negativas estrechan el foco de nuestra atención en un estímulo amenazante, impeliéndonos a actuar inmediatamente, con las positivas ocurre justamente lo contrario. En opinión de la experta norteamericana, éstas no nos llevarían a actuar impetuosamente pero sí ampliarían nuestros repertorios de pensamiento y de acción, fomentando el desarrollo de recursos físicos, intelectuales, psicológicos y sociales que emplearíamos en futuros momentos de necesidad (Vecina, 2006). Es decir, las emociones positivas vendrían a confirmar su idoneidad a la hora de ayudarnos a crecer y a desarrollar integralmente nuestro máximo potencial humano. Lo cual sería uno de los objetivos fundamentales de la Psicología Positiva (Seligman, 2011) y un excelente complemento a la contribución de las emociones negativas.

Pongamos un ejemplo que ilustrará muchísimo mejor este interesante punto de vista. Tras una ruptura amorosa o un despido laboral, podemos experimentar tristeza, desánimo y cierta apatía. Estos afectos intentarían protegernos retirándonos de la escena, durante un pequeño período de tiempo, para que volviéramos a coger fuerza y regresar con más ganas. Evidentemente, si estos afectos llegaran a cristalizar y a hacerse muy persistentes, se haría necesario abordarlos de una manera adecuada mediante psicofarmacología, psicoterapia o terapia social. Obviamente, dependiendo de cada caso y del criterio del profesional acreditado oportuno correspondiente. Por otro lado, potenciar algunas emociones positivas como la alegría, el entusiasmo o el amor, podrían ayudarnos a desarrollar una mayor resistencia psicológica futura, disminuir las posibilidades de enfermar o desarrollar estrategias creativas de calidad para hacer frente a los problemas venideros.


La Casa de la Psicología Positiva